Historia Breve del Mole
El mole nace del acto más antiguo de la cocina mexicana: moler en metate chiles secos, semillas y hierbas para crear salsas espesas llenas de carácter. En tiempos prehispánicos, estas salsas ceremoniales acompañaban ofrendas y grandes celebraciones.
Con la llegada de los ingredientes del Viejo Mundo, especias como clavo, canela, pimienta, almendras y ajonjolí, las cocinas de conventos y hogares dieron un giro creativo. De esa mezcla de mundos surgió la leyenda del mole poblano: monjas que, para agasajar a un obispo, combinaron todo lo que había en la alacena y crearon una salsa oscura, compleja y festiva.
Desde entonces, México se volvió tierra de moles: negros, coloraditos, verdes, pipianes, afrutados, picantes o dulces. En Veracruz, la tradición abrazó ingredientes de costa y sierra; pueblos como Xico son célebres por sus moles de matices aromáticos y toques de cacao, fruta seca y especias.
En Mi Mero Mole, honramos esa herencia con la receta transmitida por la abuela Dolores: paciencia al tostar, respeto al moler y amor al servir. Cada cucharada cuenta una historia de familia, fiesta y sazón mexicano.

